Divagaciones matinales

Acabo de desayunar con un compañero de residencia y hemos estado comentando, como muchas otras veces, las bondades y, sobretodo, los defectos del sistema en el que vivimos y de la sociedad actual. Él se crió en un país donde capitalismo y mercado no son palabras que tengan una connotación positiva, y tiende a opinar que introducir un poco de conciencia social frente el individualismo rampante que domina nuestra el primer mundo mejoraría la situación en que nos encontramos. En ocasiones no coincidimos en nuestras ideas, pero la verdad es que la mayoría de veces llegamos a un entendimiento.

Hoy hemos hablado de la pérdida de capital social en las sociedades del primer mundo, de la vergüenza y sentimiento de culpa que debería provocar en el mundo desarrolado el hecho de que haya gente que se muera de hambre en muchos rincones del planeta y de posibles soluciones a estos problemas, entre otras cosas.

Finalmente, cuando hemos dejado la conversación para otro rato, me he ido a la habitación y me he conectado a internet para repasar los periódicos del día. Rápidamente una noticia en elpais.com me ha llamado la atención por su conexión con lo que había hablado con mi amigo hacía quince minutos: la producción de cereales se reduce debido a la reducción de su precio en el mercado y al aumento del precio de los fertilizantes utilizados en su cultivo.

Desde el punto de vista puramente económico que pueda tener un ciudadano de un mundo desarrollado el artículo tiene una lógica aplastante: en el mercado los precios de los cereales han subido y al mismo tiempo los costes de producción también lo han hecho, por lo que la producción ha dejado de ser rentable. Más claro, agua.

Ahora bien, si tenemos en cuenta al mundo (ya que defendemos las bondades de la globalización) y sacamos del fondo de nuestra ocupada concienca  la moralidad y la solidaridad para con los más débiles que se nos supone, no podemos estar de ningún modo satisfechos con la forma en que el sistema económico asigna los recursos. No es normal que hoy mismo se vayan a morir cientos de personas debido a que no tienen nada para comer y mientras se reduzca la producción mundial de cereales debido al precio de los fertilizantes.

¿Y si fuera más importante solucionar éste tipo de problemas antes que gastar miles de millones de dólares, libras y euros en rescatar a ricos banqueros y propietarios de capital que se han disparado ellos mismos en el pie al introducir en el mercado sofisticados productos financieros claramente alejados de la economía real?

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