Steve Jobs, el adivino

Una vez más, Apple ha conseguido que una gran parte de la población que tiene acceso a los medios de comunicación haya estado pendiente del lanzamiento de su último producto, al que ha denominado iPad. No voy a entrar en los aspectos técnicos del iPad, ya que sólo con realizar una búsqueda con éste nombre en Google aparecen centenares de escritos de gente más entendida que yo que analiza si al aparato en cuestión le falta cámara, capacidad multi-tasking o cualquier otra característica.

Lo que realmente merece mi atención y admiración es el espectacular modelo de negocio que Apple desarrolla. El análisis que hacen Steve Jobs y su gente del mercado tecnológico y de las necesidades del consumidor, es excelente, y su capacidad para transformar las conclusiones de éste análisis en productos que satisfagan y, en muchos casos, excedan éstas necesidades es extraordinario.

En sus inicios Apple no supo jugar bien sus cartas para conseguir que sus ordenadores fueran los que se extendieran masivamente entre los usuarios, siendo Bill Gates con su apuesta por el software quien llegó a las masas. Steve Jobs siempre ha sido partidario de desarrolar tanto el sistema operativo como el hardware de sus productos, lo que implica un mayor consumo de recursos y una mayor complejidad de gestión y desarrollo.

Los Mac eran muy apreciados por los diseñadores gráficos y otros usuarios que necesitaban una gran capacidad para trabajar profesionalmente con gráficos, imagen, video… pero nunca fueron usados por el gran público, ya que generalmente eran más caros que los PCs que venian con Windows instalado. Durante años, Apple era sólo un fabricante de ordenadores de sobremesa y portátiles, pero con el desarrollo de nuevos productos como la tienda iTunes y el reproductor de música iPod la empresa se empezó a diversificar y ahora sus productos cubren un amplio espectro de la electrónica de consumo, además de gestionar los canales de distribución de contenidos multimedia que los usuarios podrán acceder desde sus aparatos.

Con su diseño extraordinariamente cuidado, facilidad de uso y la apuesta por una gran capacidad de almacenaje que permitiera llevar toda la biblioteca musical de un individuo en el bolsillo, el iPod fue el primer producto de Apple que fué aceptado y utilizado másivamente por los consumidores, lo que sirvió para dar reconocimiento a la marca, y Apple dejó de ser considerada un fabricante de productos para snobs o fánaticos de la marca de la manzana. Los consumidores empezaron a pensar que si los iPod ofrecían una mejor experiencia de usuario que la mayoria de reproductores musicales del mercado, tal vez los Mac también serían mejores que los ordenadores de sobremesa o portátiles con Windows instalado, por lo que muchos de ellos se decidieron a probar los ordenadores de Apple.

Así pues, gracias al iPod la compañia que dirige Steve Jobs consiguió entrar en casa de los consumidores, y la gente descubrió que Apple ofrece en sus productos una facilidad de manejo y usabilidad generalmente superior a sus competidores, además de un diseño muy cuidado tanto en hardware como en software. Las características de los productos de la compañia unidas al alcance mediático y gran carisma (vale la pena ver su discurso en la Universidad de Stanford en 2005) de su co-fundador  y actual CEO, hicieron que los lanzamientos de nuevos productos de Apple generasen una gran expectación, incluso meses antes del acto en que se iban a anunciar. Internet se llena de especulaciones sobre cuál será el nuevo producto de Apple, e incluso los medios de comunicación de masas dedican sus espacios a comentar los lanzamientos de la compañia.

Con éste caldo de cultivo -excelente capacidad de desarrollo de producto, extraordinario control del timing mediático, marca reconocida y valorada globalmente-, Apple se adentró hace un par de años en un nuevo mercado dentro del mundo de la tecnología, el de los smartphones. Grandes marcas como Nokia, Blackberry o Sony ya competían en éste segmento cuando Apple lanzó su iPhone, pero el lanzamiento de éste aparato volvió a crear una extraordinaria expectación y cuando los consumidores tuvieron acceso al aparato sus expectativas generalmente quedaron satisfechas, como mínimo.

Con la tienda iTunes, Apple ya había puesto a disposición de los usuarios del iPod una gran cantidad de música, a la que se podía tener acceso de manera muy sencilla y por un precio razonable, es decir, poniéndoselo a los consumidores tan fácil que éstos difícilmente podían abstenerse de comprar. Y Apple lo ha vuelto a hacer con la AppStore, poniendo a disposición de los usuarios del iPhone miles de aplicaciones que permiten personalizar su teléfono móvil dependiendo de los gustos y necesidades de cada uno. Pero Apple no sólo intenta facilitar las cosas a los usuarios, sino también a los desarrolladores de éstas aplicaciones, poniendo a su disposición las herramientas necesarias para desarrollarlas y el canal de distribución imprescindible para hacérselas llegar al consumidor final, quedándose por ello con una parte del ingreso generado.

El iPad, además de seguir utilizando iTunes y la AppStore, incorpora una BookStore, por lo que entra a competir directamente en el recién nacido mercado de los eBooks, con rivales como el Kindle desarrollado por Amazon.

Cómo he comentado al comienzo de éste post, se puede estar más o menos satisfecho con las características técnicas de los nuevos productos de Apple (también es verdad que a pocas compañias se les exige tanto en sus nuevos lanzamientos como a la de Steve Jobs), pero lo que es innegable es que la compañia tiene una capacidad casi única para crear nuevos standares en diferentes segmentos de la tecnología. Apple crea soportes, es pionera en el lanzamiento de productos y revolucionaria con su diseño, y deja que los desarrolladores hagan su trabajo creando aplicaciones que ayuda a poner a disposición del usuario final en un par de clicks o taps.

Cómo dijo Alan Kay, “The best way to predict the future is to invent it” y Steve Jobs ha demostrado ser un gran adivino.

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