Beijing 2008

En las últimas semanas hemos visto en los medios de comunicación como el recorrido de la llama olímpica por diferentes países del mundo se veía alterado por acciones de movimientos que protestan por la represión que sufre el Tíbet por parte de China.

Es sabido por todos que en China el Gobierno lleva a cabo una política comunista de planificación y control de todas las actividades y, además, el grado de cumplimiento de los derechos humanos deja bastante que desear.

Con éstos antecedentes, parece que la decisión del COI de encomendar la organización de los Juegos Olímpicos a China tendría que haber tenido en cuenta la situación global del país, y no ponderar solamente que el mercado chino es el mayor del mundo.

Algunos podrán argumentar que organizando los Juegos Olímpicos y por lo tanto, abriéndose más al mundo, China se verá obligada a ir adoptando las leyes sobre derechos humanos universalmente aceptadas. Otros dirán que el COI ha sido engañado por el gobierno chino en su compromiso de cumplir los derechos humanos si organizaban los JJ.OO.

Sea lo que sea, parece que una decisión con tanta repercusión a nivel mundial como la designación de una país para que albergue los Juegos Olímpicos merece una reflexión mayor.

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